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Muchas veces hemos creído que teníamos la mano perfecta. Mirabas a los demás jugadores en la mesa y pensabas… es imposible que nadie tenga algo mejor yo. Lo veo en sus caras. El que está a mi derecha tiene dobles parejas, no ha dejado de tocarse la nariz desde que han salido las dos últimas cartas del flop, un 10 y un K que son iguales que las dos que tiene en la mano. El que está en frente ha pasado, se ha dado cuenta de que no tenía nada que hacer. El de la izquierda ha conseguido un trío, no está mal, pero no es suficiente.
Es entonces es cuando piensas cómo vas a jugar, porque tienes en la mano una escalera real y no sabes en qué momento meter todas las fichas al centro.
Lo más inteligente es esperar. Fingir. Parecer asustado. No mostrar tus cartas tan rápido para poder intentar conseguir tu propósito, que es hacerte con el mayor bote de tu vida. Eso sería lo más inteligente, no hay duda.
Entonces es cuando tienes ese pensamiento de no saber qué hacer. Tengo la mejor mano posible en el poker y sé que nadie me puede ganar. Puedo esperar a ver qué pasa o disfrutar de este momento ahora y no mostrar mis cartas sólo al final, quiero tener esa sensación ya.
Los manuales dicen que hay que hacer slow play, es decir, jugar aguantando a los demás, esperar a que llenen el bote para poder dar el golpe final. Dejarles sin blanca. Pero es que los manuales no tienen en cuenta que yo ahora mismo tengo lo mejor que podría tener nunca, no es una cuestión de esperar porque tenemos una jugada decente, eso es lo que se suele hacer, pero coño, ¡tengo una ESCALERA REAL! Sé que nunca podré tener algo mejor, porque no existe, ¿por qué no puedo disfrutar de eso y dejar de fingir que no tengo nada? ¿Por qué voy a hacer lo que se espera de mí que haga y no lo que realmente quiero hacer? La respuesta es fácil. Puedes hacer lo que sería lógico o puedes inventarte otro camino y perderlo todo, pero lo que no es tan fácil es tomar una decisión u otra.
Finalmente elegí la segunda opción, hice lo que necesitaba hacer. No pude esperar y evidentemente todos se echaron atrás, me quedé solo en la mesa, nadie igualó mi apuesta. Algo gané, pero no todo lo que quería.
Después te preguntas… ¿hice bien jugando así? Parece ser que no. ¿Lo volvería a hacer? POR SUPUESTO QUE SÍ. Quién sabe, esas mismas cartas han vuelto al mazo y se van a volver a repartir. Si lo he conseguido una vez, ¿por qué no puede volver a pasar?
el Wednesday, 19 de August de 2009 a las 17:13 y está clasificada bajo: Noticias.
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